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Filosofía

Aurobindo Ghosh y la independencia de la India (Mario Coll)

 AUROBINDO GHOSH Y LA INDEPENDENCIA DE LA INDIA

Mario Coll

 

         

 “Occidente se jacta de sus logros y victorias pero un niño llegará un día y lo desbaratará todo”. ( Sri Aurobindo, Pensamientos y aforismos.)

         

          Singular personaje éste, que fue uno de los primeros intelectuales en plantear abiertamente la independencia de la India ante la ocupación británica en 1907, pero también poeta, su obra Savitri es una de las más extensas en lengua inglesa; sanscritista que comentaría los vedas y las upanishads ofreciendo una nueva lectura de los mismos; revolucionario antes que místico, “profeta” de un nuevo mundo al que calificó de supramental y ante cuyo advenimiento se hallaría la humanidad, después de un largo proceso evolutivo que habríamos recorrido en varias laboriosas fases: materia-vida-mente-supramental. Fase está última ante cuyas puertas nos hallaríamos.

          Hoy en día es venerado o respetado por amplios sectores de la sociedad india —un busto suyo se halla en los aledaños del parlamento de Nueva Delhi— y muchos consideran que sus planteamientos políticos hubieran evitado la traumática partición de la India que creó el estado de Pakistán en 1947-48.

          Nació Aurobindo (Sri es un trato de respeto en India) en Calcuta el 15 de agosto de 1872 —precisamente el mismo día que la India lograría su independencia en 1947—, en el seno de una familia de la alta burguesía bengalí, su padre era médico y su madre una esquizofrénica a la que sólo llegaría a tratar cuando a los veintiún años regresara de una estadía de catorce en Inglaterra. Su madre por cierto no lo reconocería.

          Así pues, a los siete años es enviado junto a otros dos hermanos a estudiar a Londres donde deberían ser educados para ser fieles servidores de Su Majestad en el que se conocía como “Indian Civil Service”, el ejército de funcionarios locales al servicio británico. Hay que señalar que era la máxima aspiración para las familias acomodadas indias, encontrar puestos bien remunerados pero para servir al Imperio. Estudiará Aurobindo en Cambridge latín, griego y literaturas europeas, pero intencionadamente suspenderá un simple examen de equitación para no entrar en el servicio británico. Por aquel entonces proliferaban sociedades secretas de corte muy romántico como la del “El Loto y la Daga” y otras entre los jóvenes indios y es probable que A. participara en algunas de sus reuniones, pero aún se veía ingenuo pedir abiertamente la independencia para el subcontinente asiático.

          Entrará al servicio personal del maharajá de Baroda que se hallaba entonces en Londres buscando a alguien capaz de hablar varias lenguas y de organizar su biblioteca.

          Sin embargo se da el caso paradójico de que Aurobindo desconoce totalmente su cultura, ya que había sido educado para ser un perfecto gentleman. No conoce ni el hindi ni por supuesto el bengalí, ni tampoco ha pisado nunca un templo hindú. Así que se ve obligado a marchas forzadas a recuperar sus raíces sobre todo tras ciertas experiencias que el mismo asegura haber tenido nada más desembarcar en Bombay y que describe así: “Nada más pisar suelo indio una vasta calma descendió sobre mí, una gran paz se adueñó de mi ser y supe que estaba llamado para la liberación de esta tierra. La calma y la paz durarían meses”.

          Estamos en 1893.

          Después de catorce años de estancia en Inglaterra, el padre, ansioso de reencontrar a sus hijos recibe un telegrama en el que equivocadamente aparecen como tripulantes de un barco que naufragó en las costas de Portugal sin encontrarse supervivientes. La noticia le provoca un ataque cardiaco y la muerte.

          Sin embargo, el hecho paradójico de plantearse Aurobindo la liberación de un país que apenas conoce le llevará durante dos años al servicio del maharajá, a estudiar hindi y sánscrito así como a devorar cientos de libros sobre su cultura. Comenzará práctica yóguicas pero con la intención como el mismo escribió: “de obtener poder para expulsar a los ocupantes de mi patria”.

          Es en 1904 que un amigo le inicia en la práctica del pranayama (técnicas respiratorias) Aurobindo describiría así lo que vivió: “Mi propia experiencia es que el cerebro se volvió repleto de luz. Solía practicar el pranayama durante cinco o seis horas diarias... la mente entonces trabajaba con gran poder e iluminación. En aquella época solía escribir poesía. Normalmente escribía unos doscientos versos en un mes. Después del pranayama podía escribir doscientas líneas en media hora... podía ver una energía eléctrica alrededor de la cabeza.”

          Aurobindo se casó con Mridalini Devi, una joven de catorce años con la cual no parece que llegara a tener relaciones y que moriría prematuramente.

          Creo que es interesante transcribir algún fragmento de su correspondencia con ella, correspondencia que salió a la luz tras su primera detención por actividades subversivas en 1905 (había estado al frente de publicaciones que exigían un mayor autogobierno y que denunciaban abusos de la administración como Karmayogin y Bande Mataram, que quiere decir textualmente al servicio de la Madre).

          Aquí quizás sería oportuno señalar que la India ha sido vista durante milenios como una madre y que esta idea es muy poderosa en el imaginario hindú, y de hecho la frase ‘Bande Mataram’ también era el saludo distintivo de los patriotas durante los años de lucha por la independencia.

          En esta carta fechada en 1905 Aurobindo escribe: “Tengo tres locuras: la primera es que creo firmemente que cualquier talento, virtud, conocimiento, habilidad y riqueza que poseo Dios me los ha otorgado y por tanto le pertenecen. Sólo estoy autorizado a gastar lo estrictamente necesario para el mantenimiento mío y de mi familia, el resto debería serle devuelto a Él.

          »La segunda locura se ha apoderado recientemente de mí y consiste en que sea por el medio que sea debo ver a Dios cara a cara. La directa realización dada por Él.

          »La religión de hoy en día consiste en monótonas repeticiones de oraciones, mantras y cantos, y en mostrar a los demás lo religioso que es uno. Yo no quiero eso.

          »Si Dios existe debe existir una forma de experimentar su existencia. De realizar su presencia. Por duro que sea el camino estoy resuelto a recorrerlo... me gustaría que me acompañaras, pero depende de la elección de cada uno el recorrerlo.

          »La tercera locura es ésta: otros ven la tierra en que nacieron como una masa inerte de materia, una cierta cantidad de campos, valles, montañas, bosques, ríos y poco más. Yo la contemplo como mi madre. La adoro y venero. ¿Qué debería hacer un hijo si viera a un demonio sentado sobre el pecho de su madre chupándole la sangre? ¿Se quedaría tranquilamente mirando como come o trataría de ayudarla?

          »Sé que tengo la fuerza para levantar a esta caída raza. No mediante un poder físico sino mediante el poder del conocimiento...”

          Y continúa: “La nación entera llama a mi puerta buscando ayuda y refugio, millones de mis hijos, de los cuales miles mueren de hambre, deben ser ayudados”. Tal y como terminaría un soneto “Llevo el dolor de millones en mi solitario pecho”. “Este es el secreto que quería compartir contigo, no le digas nada a nadie”.

          Los supuestos poderes que mediante las prácticas yóguicas, tántricas (hay constancia de sus incursiones en vías de la llamada mano izquierda) y pranayámicas, debían ser utilizados exclusivamente para la liberación de la nación así que cuando entró en contacto con la enigmática figura de Vishnu Baskar Lele, un yogui del que sólo consta que le conminó a abandonar el camino de la lucha política para dedicarse a una tarea de mayor envergadura, con el que estuvo encerrado durante tres días en una habitación, y que le ayudó a conocer el silencio de Brahman. A. escribe haber estado en el Nirvana durante meses, pero editando publicaciones al mismo tiempo, asistiendo a reuniones políticas y hablando en público.

          Cuando es invitado a hablar por primera vez ante una audiencia en Bombay expresó su dificultad a Lele y en palabras de Aurobindo: “Me pidió que orara, pero me hallaba tan absorto en la conciencia del silencioso Brahman que ni siquiera podía orar. Me dijo que no importaba; él y otros lo harían por mí, yo sólo tenía que ir al meeting y saludar a la audiencia como si fuera Narayana (Dios) y esperar y las palabras vendrían a mi desde otra fuente que la mente”.

          Parece ser que Aurobindo así lo hizo y la conferencia pronunciada fue como dictada y “desde entonces cualquier discurso, escrito, pensamiento, y actividad externa ha acudido a mi desde la misma fuente, por encima de la mente”.

          Sus seguidores consideran que este fue su primer contacto con la Supermente. El discurso pronunciado aún lo memorizan discípulos suyos: “Trata de realizar la fuerza que se haya en ti” —dijo a los militantes nacionalistas— “trata de situarla al frente, de modo que cualquier cosa que hagas no sea tu acción sino el hacer de esta verdad que está en tu interior...porque en verdad no eres tú quien actúa sino algo en tu interior.

          »¿Qué pueden hacer estos tribunales, qué pueden todos los poderes del mundo hacerle a Eso que está en ti, a ese inmortal, no nacido, a ese inmortal Uno, al que la espada no puede dañar y el fuego no puede quemar? ¿A Ése al que la cárcel no puede confinar y los verdugos no pueden matar? ¿A qué vas a temer cuando eres consciente de Él que está en tu interior?

          El cuatro de mayo de 1908 —pocos días después— de madrugada, la policía británica irrumpe en su habitación pistola en mano para sacarle de la cama y llevarle ante los tribunales.

          Aurobindo tenía entonces 36 años. Un atentado contra un magistrado inglés de Calcuta había fallado, la bomba utilizada en el mismo había sido fabricada en el jardín en que Barin, un hermano de Aurobindo entrenaba militantes.

          La acción política de Aurobindo había abarcado 8 años, de 1902 a 1910. Durante esos años había trabajado entre bastidores preparando con otros colaboradores los comienzos del movimiento Swadeshi (el Sinn Fein indio que imponía el uso y consumo exclusivo de bienes nacionales y rechazaba los importados) hasta que la agitación en Bengala permitiría una acción más radical frente a la acción moderada del partido del Congreso.

          En 1906 Aurobindo había llegado a Calcuta con ese propósito, el de radicalizar posiciones y crea una sección dentro de este partido que hasta entonces se había movido con vagos mensajes de no-cooperación. Aurobindo consigue la creación de un programa desafiante y la articulación de un partido panindio colocándose al frente a Tilak un popular líder maratha. Se ataca a la por entonces dominante oligarquía moderada (reformista-liberal) interesada en cambios pero manteniendo el statu quo con los británicos, consiguiendo los extremistas el control del partido del Congreso. Aquí tendría lugar el origen histórico de una lucha entre moderados y nacionalistas extremos que en dos años cambiaría la faz política de la India.

          El recién nacido Partido Nacionalista alzaría la bandera de la independencia ya sin tapujos contraponiéndola a la esperanza moderada de autogobierno colonial que sería realizada en el periodo de un siglo o dos por un lento programa de reforma.

          El principio de esta nueva política fue el autoabastecimiento, el boicot a todos los productos británicos y la no cooperación con sus instituciones y tribunales de justicia creando redes paralelas arbitrales.

          La detención de Aurobindo y otros 42 militantes supondría un duro golpe desde un aspecto político pero según Aurobindo su detención era la señal de que una nueva revolución estaba en marcha ya que la independencia caería en su día como fruta madura.

          Fue trasladado a la prisión de Alipore y confinado en una celda y después en una jaula en medio de un patio.

          “Fui llevado a Alipore y encerrado en una celda. Esperé entonces noche y día la voz de Dios en mi interior, para saber qué quería decirme, para saber lo que debería hacer.

          »Recordé que un mes antes de mi arresto recibí una llamada para dejar toda actividad, para recluirme y mirar en mi interior... no pude aceptar la llamada. Mi trabajo lo era todo para mí... me habló otra vez y me dijo: “Las cadenas que no tenías fuerzas para romper, las he roto por ti... tengo otra cosa para ti y por esa razón te he traído hasta aquí... para prepararte para mi obra”.

          »Miraba a mi alrededor en la cárcel... y ya no eran altos muros los que me recluían; no, era Vasudeva (Dios) el que me rodeaba. Caminaba bajo las ramas del árbol enfrente de mi celda pero ya no era un árbol. Yo sabía que era Vasudeva, era Krishna a quien veía de pie cubriéndome con su sombra. Miraba los barrotes de las celdas, y veía a Vasudeva que me guardaba y vigilaba...

          »Yacía sobre las mantas raídas que me habían dado y sentía los brazos de Krishna a mi alrededor, los brazos de mi amigo y amante... contemplaba a los presos de la cárcel, ladrones, asesinos, y mientras los contemplaba veía a Vasudeva, era Narayana a quien encontraba en esas almas oscurecidas y cuerpos torturados.

          »Después ante el tribunal encerrado siempre en la jaula de hierro: “Todo el tiempo tenía la misma visión interior...ÉL (Dios) me dijo:” Mira al juez, mira ahora al fiscal”. Miré y no era el juez a quien veía, era Vasudeva, era Narayana quien estaba en el estrado. Miré al fiscal y no era el fiscal era Sri Krishna quien sentado me sonreía. “¿Y ahora tienes miedo? —me dijo—“Yo estoy en todos los hombres y dirijo sus acciones y sus palabras.”

          “Día tras día ÉL me mostró sus maravillas”. diría Aurobindo: “cosas me fueron reveladas que ninguna ciencia podría explicar”.

          Inexplicablemente Aurobindo es liberado cuando la acusación pedía la pena de muerte por conspiración e intento de asesinato. Quizás la defensa inspirada del abogado que insistió ante los jueces en que no se estaba juzgando a un hombre sino a alguien que formaría parte de la historia de esa nación pudo influir, pero por poco tiempo ya que una vez liberado se ordena una nueva búsqueda y captura contra él.

          Tras numerosas dificultades Aurobindo se refugia en Pondicherry, una colonia francesa en el sur de la India, una ciudad insignificante utilizada por los franceses para repostar en su camino a Indochina e iniciaría lo que llamó el Yoga Supramental.

          Durante cuarenta años viviría recluido Aurobindo en las habitaciones de una casa colonial francesa comprada con el dinero de otro personaje sin el cual no se puede entender lo que pasó durante esos cuarenta años. En esos años numerosas personas se acercaron a lograr lo que se conoce en la cultura hindú como Darshan o visión de alguien considerado como santo.

          Desde 1910 muchos jóvenes intelectuales y revolucionarios que consideraban la reclusión de Aurobindo una estrategia política más se acercarían a hablar con él. Durante varios años la reclusión fue total, manteniendo sólo contacto con la que es conocida popularmente como la Madre. Nacida en Francia, pero hija de un banquero turco y una intelectual egipcia, Mirra Alfassa sería la impulsora de lo que se denominaría el ashram de Aurobindo un colectivo de seguidores y devotos convencidos de que su vida en común aceleraría el descenso del plano supramental. Hoy en día es un pequeño colectivo —unas dos mil personas— dentro de la ciudad de Pondicherry que pretende ser autosuficiente.

          Aurobindo muere en 1950 y su tumba (el hombre santo no es incinerado en la India) es objeto de peregrinación para miles de personas sobre todo en ocasiones señaladas como el día de su nacimiento el 15 de agosto, que curiosamente coincide con el día de la independencia nacional.

 

LA ENSEÑANZA DE AUROBINDO

          Su enseñanza encuentra el origen en las antiguas enseñanza vedánticas que consideraban que detrás de las apariencias del universo existe la realidad de un ser consciente. Un ser que engloba todas las cosas siendo todas al mismo tiempo, uno y eterno. Todos los seres estarían unidos en este Uno y Ser pero divididos por una separación de conciencia, una ignorancia de su verdadero ser. Sería posible mediante cierta disciplina psicológica retirar ese velo de ignorancia y tornarse consciente del verdadero ser, de la divinidad que está en todo.

          Aurobindo establece que este Uno, Ser y Conciencia estaría involucionado en la materia. La evolución sería el proceso por el que se libera a sí mismo. La conciencia surge en lo que aparenta ser inconsciente y una vez presente es presionada para crecer más y al mismo tiempo para engrandecerse en un proceso sin límite.

          La vida sería el primer paso de esta liberación del ser y la mente el segundo. Pero la liberación no terminaría ahí, con la mente, sino que una liberación mayor aguarda, una conciencia que sería “Supramental”.

          Sería incompleto este bosquejo sintético de Aurobindo si no mencionáramos a la que es conocida como “La Madre” por sus seguidores.

         

DATOS SOBRE LA VIDA DE LA LLAMADA MADRE POR AUROBINDO

          La Madre nace en París el 21 de febrero de 1878. Mirra, su nombre original, fue la hija del banquero Maurice Alfassa (nacido en Adrianopolis, Turquía, en 1843) y Matilde Ismaolun (nacida en Alejandría, Egipto en 1857). Maurice, su mujer y su hijo Matteo (nacido en Alejandría en 1876) emigran a Francia el año de nacimiento de Mirra. Su primera educación la recibió en casa. Hacia 1892 ingresa en un estudio para aprender dibujo y pintura, y posteriormente estudió arte en la Escuela de Bellas Artes. Además de ser una pintora excelente-algunas de sus obras fueron expuestas en el Salón de París, la Madre tenía talento como compositora y escritora.

          Con respecto a su temprana vida espiritual la Madre dijo: ”Entre los 11 y 13 años de edad una serie de experiencias psíquicas y espirituales me revelaron no sólo la existencia de Dios sino la posibilidad que tiene el ser humano de unirse a Él, de realizarlo íntegramente en consciencia y acción, de que su manifestación tenga lugar sobre la Tierra en una vida divina”.

          En su diario escribirá haber tenido la visión reiterada de un hombre de tez morena con ropajes orientales al que con el tiempo “llamé Krishna”.

          Hacia 1905 la Madre viaja a Tlemcen, Argelia, donde estudia ocultismo durante dos años con un hombre de desconocida procedencia (polaco o ruso) Max Theon, junto a su mujer Alma.

          Tras regresar a París en 1906, funda su primer grupo de buscadores espirituales. Entre 1911 y 1913 da muchas conferencias a varios grupos en París. A la edad de 36 años la Madre llega a Pondicherry (pequeña ciudad costera en el Sur de la India). Aquí el 23 de marzo de 1914 encuentra a Sri Aurobindo. Desde el primer momento lo reconoce como el maestro que durante muchos años la estuvo guiando internamente, esto es, como el joven de tez morena de las visiones. Después de una estancia en India de 11 meses, el estallido de la Primera Guerra Mundial la obliga a volver a Francia. Deja Francia después de un año y vive durante cuatro en Japón. El 24 de abril de 1920 la madre vuelve a Pondicherry y a su colaboración con Aurobindo, permaneciendo en la India el resto de su vida.

          En la época en que la Madre reencuentra a Aurobindo un pequeño grupo de discípulos se había formado a su alrededor. Después de la llegada de la Madre el número de discípulos se incrementa. Finalmente este grupo informal toma la forma de ashram o comunidad espiritual.

          Desde el comienzo mismo en noviembre de 1926, Sri Aurobindo confía la completa dirección tanto práctica como espiritual del ashram a la Madre. Bajo su guía, que durará cerca de 50 años, el ashram crece convirtiéndose en una multifacética comunidad que en la actualidad alberga personas de las más diversas nacionalidades no exenta de dificultades obviamente, pero que comparten una aspiración común.

          Capítulo aparte es la existencia de Auroville. Ciudad experimental a unos 13 kilómetros de Pondicherry y cuya construcción se inició en 1968 a instancias de la Madre. Como reza en la carta fundacional de Auroville: “Debería haber en algún lugar de la Tierra un sitio que ninguna nación pudiera reclamar como propiedad exclusiva, un sitio donde todos los seres humanos de buena voluntad y sinceros en su aspiración pudieran vivir libremente como ciudadanos del mundo…”.

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